De la crónica de BaToCo
El fin de semana BaToCo participó de la 12ª desorganizada, la misma se realizó en San Clemente del Tuyu en el Partido de la Costa con epicentro en el Hotel Sur donde la muchachada se hospedó para estar lo mas cerca posible de la playa y cuidar de su familia. Este año, nuevamente, la organización estuvo en manos de la señora Cecilia Banga.
Si bien el clima nos acompaño mas que menos, el viento que en todo momento prevaleció fue el de tierra, que a decir verdad no era de los mejores y ponía en peligro los barriletes, como un Pilot de Lucas que fue bautizado por el Atlántico a pocas horas de estrenarlo.
El sábado fue el día en el que vimos pasar una tormenta, que nunca supimos donde fue, y que posó sus nubes en nuestras cabezas obligándonos a guarecernos por solo unos pocos minutos. Pero al pasar la lluviecita, un viento asesino, que todo lo vuela, nos azotó con grandes látigos de arena en los ojos mientras nos acurrucábamos donde podíamos.
Fue ese mismo día que nos encontramos con un grupo de canes asesinos de barriletes, uno de los cuales dejó mas que marcas de dientes en el barrilete de Rodrigo que infructuosamente le gritaba al perro que no le comiera su máquina voladora que, hacia entre paréntesis, un ruido estrepitoso al cruzarse con el viento a toda velocidad. El problemita era que el perro no se asustaba de nada y cuando el barrilete bajaba el can se iba otra vez al acecho. Así fue que el barrilete quedo mordido, estrujado y bien jodido para ser volado nuevamente. Próximamente se exhibe en la Fiesta del Viento.
Lo bueno del mal tiempo fue que, como todos parábamos en el mismo hotel, nos juntamos a tomar la merienda en el bar para, obviamente, para sacarle el cuero a cuanto Batoquero no fue. Ah no había que contar eso? Chiste aparte allí estuvimos mucho rato charlando hasta que vino Maria Elena García y dejo un premio MEGA al barrilete que el fin de año pasado ella misma confirmara como el más bello. Hablamos, claro, de la estrella de Lucas González, quien se acreditó un rompecabezas, obsequio de los MEGA PREMIOS que creo que se empiezan a instituir de ahora en más en todas las desorganizadas.
Esa misma noche nos juntamos a comer el tradicional asado, pero esta vez, nadie lo hizo de manera que tuvimos que comerlo en un restaurante y obviamente no es lo mismo que cuando lo hace el presidente y mucho menos si no tenemos al violinista manco que nos ayuda en la digestión.
La cabecera de la mesa estaba ocupada por la batoca más chiquita, que es Juanita, quien junto a sus papas sacaron fotos de la ocasión bastante divertidas.
El domingo estuvimos como dos horas desayunando, después de lo cual el hotel Sur consideraría seriamente retirar ese servicio. Poco después, y ya en la playa, nos fuimos a resguardar del loco viento cerquita de un médano que era nuestra fortaleza. Los forzudos pudieron volar barriletes mientras los carritos volaban en la orilla del mar. En algún momento los niños se adueñaron de los carritos y cual montaña rusa los usaban para bajar los medanos ofreciendo un espectáculo de fuerza compartida y diversión entre los pequeños participantes entre risas y gritos desbordados.
La tarde terminó temprano porque el "late check out" era a las 17 hs y quienes tenían que manejar comenzaban a notar el peso del cansancio mientras otros millonarios batoqueros seguían sus vacaciones y de envidia no los voy a nombrar.
BaToCo tuvo nuevamente su desorganizada, algunos no pudieron asistir este año y se los extrañó y como la vida da vueltas y vueltas, también algunos viejos y conocidos batoqueros, comienzan a volver en una clave de sol que se ajusta al paso de esta actividad, recrear y compartir el tiempo libre sobre el suelo mientras los barriletes se siguen enredando en el cielo.
Alejandra Val













