
Una tradición de más de 100 años en Santiago de Sacatepéquez.
Según la tradición, en el Día de los Difuntos las ánimas de los muertos salían de sus tumbas para llenar el pueblo con malos espíritus, lo que traía desgracias a la gente local. De ahí que los habitantes decidieran construir unos barriletes tan grandes, que al volar hicieran un ruido que ahuyentara a estos malos espíritus.





