Una insólita situación alteró el movimiento del aeroparque metropolitano en la mañana de anteayer. La Guardia de Auxilio porteña tuvo que desarrollar un operativo para liberar un barrilete que complicaba las operaciones de aterrizaje.
A las 8.30, el servicio de emergencia de la ciudad recibió el pedido de auxilio por parte de la torre de control de Aeroparque. Enredado en un árbol cercano a la cabecera norte, el barrilete desafiaba a los pocos aviones que tenían turno de aterrizaje en ese momento.
Por un elemento tan simple, las autoridades tuvieron que mover una grúa de más de 30 toneladas. Con ella llegaron al barrilete sin dueño.
El hilo que lo sostenía se había enganchado en ramas a más de 30 metros de altura, justo en la ruta de acercamiento final de los aviones que bajan en el aeropuerto porteño.
Solucionado el inconveniente, la aeroestación volvió a operar sin problemas.
Lamentablemente es necesario repetirlo hasta el cansancio: volar barriletes significa también actuar responsablemente, siguiendo mínimas y simples normas de seguridad.
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